El pasado verano os hablaba mucho de la trampa de la lealtad o, en otras palabras, de los profesionales desilusionados por los nuevos paradigmas de gestión en las empresas y organizaciones.
Son muchos los profesionales que, una vez perdida la fe en sus posibilidades de crecimiento, mal gestionados por sus superiores o faltos de motivación, se retraen en la realización específica de la tarea que se les ha encomendado. Han perdido todo margen de creatividad y están desconectados por completo de las metas generales de la organización. Ocupan puestos de ejecución o de liderazgo intermedio, son contractualmente leales pero emocionalmente ausentes. Permitirme llamarles “conchas”.
Al otro lado del espectro, tenemos a los que viven según lo que otro mensaje definía como integrantes del llamado nuevo contrato. Son los que saben que el compromiso que la empresa tiene con ellos es condicional, los que tienen fundamentalmente un compromiso con ellos mismos y con sus propias necesidades y motivaciones, los que viajan de proyecto en proyecto o, si es necesario, de empresa a empresa. Ocupan puestos de todo tipo y algunos llegan a la alta dirección. Permitirme llamarles “abejas”.
Ambos coinciden en las organizaciones, ambos tienen necesidades que las empresas deben atender, ambos son necesarios para la vida organizacional, aunque, claro está, el objetivo último de la gestión reside en disponer del mayor número de abejas y, evidentemente, del menor número posible de conchas.
En la guerra por el talento, en la que ya estamos y en la que se avecina, las organizaciones que destacarán serán aquellas que se preocupen por reducir al mínimo el número de individuos “concha” y disponer de mayores porcentajes de individuos “abeja”.
En este entorno es necesario hablar y gestionar las organizaciones sobre nuevas dinámicas basadas en el compromiso. Un compromiso no fundado en el cinismo sino en el realismo. Un compromiso que no es más que un pacto cada vez más racional entre los objetivos de los empleados y los del empleador, que además está reforzado por la certeza, ya instalada en nuestra conciencia social, de que no es posible desarrollar toda la vida profesional en una sola organización.
Para ello deberán alinear, en la medida de lo posible, su oferta, su compromiso, a las necesidades de sus colaboradores. El individuo “abeja”, comprometido con su organización en un proyecto temporal, consciente de que el compromiso de la organización con él no puede ser permanente y que está sujeto a variables más allá de su rendimiento y contribución, espera entre tanto que las políticas de recursos humanos –el compromiso empresarial- dé respuesta a sus necesidades en temas de formación, evolución y desarrollo futuro.
Una vez más, te agradezco la atención que prestas a este mensaje mensual, que no tiene otro objetivo que, en 90 segundos, hacerte reflexionar sobre temas que considero de interés.
Aprovecho este mensaje para enviarte información sobre la “Asociación Franz Schubert de Barcelona”, de la que soy miembro y que organiza los conciertos que, denominados Schubertiada, tienen por objeto conocer la música romántica en general y la de este compositor en particular. Si deseas acceder a ella puedes hacer clic aquí.
Un fuerte abrazo.

Pau Hortal |